Todo el tiempo del mundo

2017-2018-19

©Alejandro Pérez Falconi

Todo el tiempo del mundo se basa en intervenciones a canchas de futbol, letreros abandonados, caminos arenosos, entre otros lugares, donde la naturaleza convive con la huella humana. Acciones sencillas, como colocar unas botellas de basura halladas en la playa en dirección a las aguas, trazar líneas en el paisaje siguiendo senderos o poner un cinturón a una palma para personificarla, es el gesto mínimo producto del juego, la imaginación y la contemplación para ahondar sobre el espacio real.

    Menos evidente, existe también un parentesco de la fotografía usada para documentar las acciones con el dibujo, ya que, al ser en blanco y negro, se centra más en formas y líneas hechas por las luces y las sombras. La idea de semejanza entre estos dos medios incluso es histórica, baste como ejemplo el primer libro ilustrado fotográfico hecho por William Fox Talbot que él mismo denominó “El lápiz de la naturaleza”. Cabe señalar que el uso de la fotografía analógica en esta serie tampoco es fortuito, dicho procedimiento ofrece cualidades más “orgánicas” ya que su base es química, a diferencia de la digital, que parte de datos numéricos.