La religión sensible

2009

33 fotografías impresas sobre papel baritado

©Alejandro Pérez Falconi

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En la era de la fotografía la obra de arte ya no puede ser pensada como creación, sino más bien como producción y reproducción. Pensar la obra de arte como creación nos lleva a suponer un origen indescifrable y lejano de la obra, un origen que solo puede ser relatado por medio del mito, un origen que en última instancia construye el sentido absoluto e inalcanzable, el sentido lejano y sagrado del objeto desde el sentido inalcanzable y misterioso de la imagen. Igual así se construye la figura del autor como “creador”. Pero incluso tratándose de arte, el creador aparece siempre en el origen de la creación, como voluntad más que como instrumento. 

    La conformidad casi religiosa con que aceptamos el misterio de una obra de arte, puede perderse, pero también puede sublimarse ahora con el clic de una cámara. A esa religiosidad en crisis pudiera referirse Alejandro Falconi con su serie Religión sensible. Falconi fotografía obras de arte, realizadas por él mismo, que a su vez son reproducciones de obras de arte famosas, realizadas por otros autores. Las reproducciones (esculturas realizadas con plastilina de colores) pudieran ser obras de arte en sí mismas, y forman parte de un proceso que comienza con la realización y acumulación de 33 piezas (y al parecer el número tampoco es fortuito) y que termina parcialmente con la destrucción de todas las piezas al ser amalgamadas en una sola masa (¿escultórica?) de plastilina informe. 

Fragmento del texto La obra de arte en la era de la fotografía de Juan Antonio Molina, 2009